La exportadora de sal, uno de los principales productores de la Cuenca del Pacífico, enfrentaba un entorno extremo: altos niveles de salinidad que afectaban la durabilidad de los equipos y la estabilidad de sus comunicaciones.
Mantener la operación continua y segura requería una infraestructura capaz de resistir condiciones severas y garantizar conectividad en todo momento.